jueves, 10 de enero de 2013

Mi marido odia verme de vacaciones

                                                                                                                                          ATENCIÓN
“Los hechos y/o personajes de la siguiente entrada son ficticios, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.” 

 

Mi marido odia verme de vacaciones. El odio no viene de un día para el otro. Viene de a poco. Empieza disfrazado de alegría, luego se transforma en odio no reconocido hasta que se estalla. Y debo admitir que ¡me encanta!
La transformación se da de la siguiente manera:

Un mes antes de mis vacaciones. “Vamos Negra, ¡¡te falta sólo un mes y estas de vacaciones!! ¡¡Qué lindo! Vas a poder dormir todo lo que quieras. No vas a tener más horarios. ¡Qué bueno!”

Dos semanas antes de mis vacaciones. “Che Negra, dos semanas más y ya está. Vacaciones al fin. ¡Qué yeguita eh!”


Tres días antes de mis vacaciones. “¿Faltan tres días para tus vacaciones? ¿Cuánto tiempo es que tenés? ¿3 meses? Qué suerte la tuya eh… si, odio…digo obvio… que me pone re feliz.”

Primer día de vacaciones. “¿Y? ¿Cómo arrancaste las vacaciones? ¿Qué hiciste hoy? ¿¡Nada!? Pfff qué lindo, amor. Yo no sé si podría desperdiciar las vacaciones no haciendo nada”.

Primera semana de vacaciones. “Che amor, ya que tenés tiempo libre… ¿Podrás llevarme el traje a la tintorería, el reloj a arreglar, me averiguás lo del gimnasio y te fijas el precio de las canchitas de papi futbol? Yo porque estoy a full con el trabajo y no doy abasto”.

Segunda semana de vacaciones. “¿Limpiaste el departamento? ¿Fuiste al super? ¿Qué comida rica vas a cocinar hoy? ¿Te bañanaste hoy? Me re gusta cómo te queda ese esmalte en las uñas aunque ahora que tenés todo el tiempo del mundo podrías pintártelas más seguido ¿no? (sonrisa asquerosa).

Tercera semana de vacaciones. “Mi vida, escuchame una cosa, ahora que estas al re pedo ¿Podés llevar la cámara a arreglar? El lugar donde vi que la arreglan $5 más barata que acá a la vuelta queda en El Jaguel. Te tenés que tomar el tren Roca en Constitución y de ahí el que va a Ezeiza. Es una hora y media de viaje ida y otra hora y media de viaje a la vuelta pero ya que no estás haciendo nada… no seas vaga, ¿dale? ¡Te amo!”

Cuarta semana de vacaciones. “Boluda, estás de vacaciones y haces menos que cuando trabajás. (Risas demoníaca para tapar los 300 palos que me acaba de tirar). Tengo un amigo en el laburo que necesita que le saquen a pasear el perro. Él vive en Florida, le dije que vos estabas al re pedo y que seguro no tenías drama en ayudarlo. Le digo que si, ¿no? Yo para que hagas algo y no te quedes en casa sin planes.”

Y así transcurre mi primer mes de vacaciones. Ustedes se pensaran que soy una pobre mina, que estoy más cansada durante las vacaciones que en el resto del año y que mi marido es un terrible forro. La verdad es que mientras él me sigue armando planes yo sigo en la mía. Y la culpa no es un tema. Mi lado psicópata viene a mi rescate y como el mejor mecanismo de defensa soy incapaz de sentir culpa por dormir hasta las 13hs, por no bañarme todos los días, por no cocinar las comidas gourmet, por "fakear" el hacer la cama (eso es estirar solo el acolchado para que de afuera quede lindo aunque las sábanas de abajo esten hechas un bollo), por tener las uñas con el esmalte salteado y por muchas otras cosas más. Me tomé 4 horas en escribir esta entrada mientras le dije a él que estaba lavando la ropa y que ahora le iba a planchar las camisas. ¡Oops! Otra mentirita que se soluciona mostrando algo de carne y hueso… El dedo FUCK YOU.